ECKB, base de conocimiento de los concilios ecuménicos. Proyecto de Rafael Tagle.
Lo que decidieron los veintiún concilios de la Iglesia, palabra por palabra.
Una app que reúne los textos de los concilios ecuménicos, de Nicea en el año 325 al Vaticano II en 1965, transcritos desde ediciones históricas, traducidos al español y conectados entre sí.
Versión de trabajo, no definitiva. Al final explico qué falta.
Qué es
Los concilios ecuménicos son las asambleas en que la Iglesia definió su fe y ordenó su vida durante diecisiete siglos. Sus textos existen, pero repartidos en colecciones de miles de páginas, casi siempre en latín o griego, y difíciles de recorrer.
ECKB los reúne en una sola app. Cada texto se puede leer en tres capas: el original, una traducción fiel y una traducción legible. Además lleva un resumen, sus temas, la referencia exacta de la página y la línea de donde se tomó, y sus conexiones con textos de otros concilios.
La pregunta que la app permite responder es sencilla de formular: qué dijo exactamente la Iglesia sobre un tema, cuándo lo dijo, y cómo lo retomó después.
Cada texto es un canon, una definición, un decreto o un número de una constitución: la unidad mínima que el propio concilio numeró.
Las conexiones entre textos se registran cuando un concilio cita a otro de forma expresa, y se marcan aparte cuando son un enlace temático propuesto por el proyecto.
La dimensión
Diecisiete siglos de textos, de cada concilio lo que hoy está ingresado:
1.290 textos de los 21 concilios ecuménicos, con 928 conexiones entre ellos.
Trento y el Vaticano II concentran la mayor parte porque sus documentos son largos y están divididos en muchos capítulos y números.
En varios concilios medievales hay por ahora una selección de lo doctrinal; lo que falta está inventariado línea a línea.
Cómo se hizo
La regla del proyecto es una sola: ningún texto entra si no se puede comprobar contra su fuente. De ahí sale todo el método.
- Elegir la fuente. Solo ediciones de dominio público, casi todas de los siglos XVIII y XIX, digitalizadas por bibliotecas como la Biblioteca Estatal de Baviera o el Internet Archive.
- Copiar, no reescribir. El texto latino lo genera un programa a partir del reconocimiento óptico de la página escaneada. Nadie lo escribe de memoria.
- Corregir solo lo que se puede justificar. Cada corrección queda anotada con la línea, la lectura original y el motivo: un error de lectura automática, una errata del impreso o una palabra imposible en latín.
- Cotejar con un segundo testigo. Otra edición independiente del mismo texto confirma la lectura. Cada texto recibe un nivel de calidad según cuánto de él respaldan las fuentes.
- Verificar con ojos nuevos. Un verificador independiente, que no participó en producir el texto, lo revisa de nuevo contra la fuente y reporta toda diferencia.
- Traducir y conectar. Recién entonces se redactan las traducciones y el resumen, y se registran las citas entre concilios.
Dos errores que el método atrapó
Los impresos antiguos usan una s larga (ſ) que se parece a la f. Un programa la convertía automáticamente y, en un caso, transformó fiunt («se hacen») en sunt («son»): una palabra latina válida, con otro sentido. Nadie lo habría notado leyendo. Se detectó al mirar la imagen del impreso, se revisaron las 345 decisiones dudosas de ese tipo en todo el proyecto, y el programa ya no resuelve esos casos en silencio.
Tres cánones atribuidos al Cuarto Concilio de Constantinopla (869) resultaron ser de un sínodo posterior (879) que decía lo contrario: rehabilitaba a quien el concilio había depuesto. Se retiraron y se ingresaron en su lugar los 27 cánones auténticos, leídos en la versión latina medieval del concilio.
El papel de la inteligencia artificial
Este proyecto lo dirigí yo y lo ejecuté con ayuda de inteligencia artificial (Claude, de Anthropic). Mi trabajo fue definir los principios, elegir las fuentes, tomar las decisiones de criterio y revisar cada etapa.
La lección más importante vino de un error propio: al principio la IA transcribía los textos directamente, y una revisión mostró que a veces los recortaba, los mezclaba con otros pasajes o los reconstruía de memoria. Por eso cambié el método por el que se describe arriba, en que la IA no escribe el texto sino que lo copia desde la fuente y lo verifica, y se rehízo todo lo anterior con ese criterio.
Nivel A: el reconocimiento óptico confirma al menos el 80 % del texto, o dos ediciones independientes coinciden. Hoy lo cumple el 99,9 % de los textos.
Usar solo ediciones de dominio público obliga a trabajar con impresos antiguos, más difíciles de leer, pero permite publicar el texto completo sin restricciones.
Para clasificar los textos se siguen criterios ya establecidos: el índice sistemático del Denzinger y, para la disciplina, el Código de Derecho Canónico de 1917.
Todo el proyecto tiene control de versiones: cada cambio queda registrado y se puede revisar o deshacer.
Lo que falta
Esta es una versión de trabajo. Lo que ya está publicado cumple el estándar de verificación, pero el proyecto no está terminado:
- La interfaz. La app funciona, pero su diseño es provisional. Está planeado un rediseño completo de la estética, la navegación y la forma de organizar la información.
- Los concilios medievales. Están todos representados, pero varios solo con una selección de lo doctrinal. Del IV Concilio de Letrán, por ejemplo, hay 31 de sus 71 constituciones.
- Los textos griegos. En algunos concilios antiguos solo está ingresada la versión latina.
- Revisión de las traducciones. Están hechas sobre el texto verificado y revisadas contra el latín, pero aún no han pasado por la revisión de un especialista humano.
- Las conexiones entre textos. Se están reorganizando para distinguir mejor lo que un concilio declara de sí mismo (que ratifica, renueva o explica un texto anterior) de lo que es un enlace propuesto por el proyecto.
- La versión web. La app fue pensada para el teléfono; esta versión para navegador es una adaptación y puede verse distinta en algunos detalles.
Cada pendiente está registrado con su causa en una lista de trabajo interna, para no perder de vista qué falta y por qué.
Fuentes principales
- Hardouin, Acta conciliorum, París, 1714.
- Mansi, Sacrorum conciliorum nova et amplissima collectio, 1759–1798.
- Canones et decreta Concilii Tridentini, Leipzig, Tauchnitz, 1887.
- Acta Apostolicae Sedis y Acta Synodalia, para el Vaticano II.
- Turner, Bright y Schwartz, para los concilios de la Antigüedad.
- Friedberg, Corpus Iuris Canonici, y los Monumenta Germaniae Historica, para concilios medievales.
- Denzinger y Bannwart, Enchiridion symbolorum, 1911, para las referencias y los temas.
Cada texto de la app indica su edición, la página y las líneas exactas de las que se tomó.